miércoles, noviembre 08, 2006
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Algunas veces un verso te despierta, una mirada suave te adormila, un beso te sumerge en la vigilia y te pones a escribir una serie epistolar que sólo es el pretexto, a un hombre imaginario al que le pones el nombre de los labios que te hicieron llegar a la vigilia.
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