Quisiera decir que fue el guaro, la cerveza, la noche tirada en nuestras voces, el susurro del poema que alguien cantaba en la otra orilla, las callejuelas de San José, echarle la culpa a la falta de policía o a la moral; quisiera decir que me guiñó el ojo una escultura de Leda, o que Alexander padece las mismas enfermedades que yo, que estoy un poco ciega y los tragos se me subieron a la coronilla. Pero su mano fue la que abrasó y fui una muchacha que ve pasar la luz de las moléculas, que ve el tiempo reducirse y galopar, quisiera que callara esta agonía de saberlo tan cerca de mis sueños y tan lejos.
Ciudad de México

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