jueves, noviembre 09, 2006

He regresado, Mainor

Mi muy querido amigo, cómo puedo llamarle a cuatro años de distancia, cómo podría haberle escrito si esos labios que no fueron promesa sí fueron un lento veneno que me alejó de vos y de mí misma, aún los miedos por las noches me atormentan, he dejado de ver sócubos ¿se escribe así, mi Mainor cuando un hermoso hombre te hace suya en sueños y cambia de ropajes hasta despertarte en el sudor del grito? Haros sueños arañas que tejen y destejen su tela sobre mi rostro, en mis manos, en el íntimo espacio de mis sueños hay también hormigas que recorren mi piel en el deseo. No se asuste Mainor, no lo llamaré como hace tiempo de madrugada para que escuche mi llanto en una borrachera desolada en que habalaba con retratos, no, simplemente regresaran mis cartas a sus manos y con ellas mi voz en sus oidos.

Me despido en espera de su pronta respuesta.

Su muy querida amiga
Isolda de las nubes

(Martes de manzanos, noviembre 7)

Mainor, hace meses que la noche me acompaña, que se esconde la luz y no he de mentirle, lo extrañé, sus cartas sobre todo, pero no pude esperarlo más. Ayer, Mainor, besé otros labios, no sé del mañana, no hubo promesas, ni citas. Necesitaba decírselo. Disculpe.

Centro Histórico
Ciudad de México

(Lunes 15 de septiembre)

Mainor, a veces te hacen daño las sombras y te conviertes en estatua, eres la piedra a quien todos ven y en la que nadie se detiene un instante, y ves parar el tiempo y la gente que antes se arremolinaba en torno a ti desaparece. Camina a tu lado y no te mira.

Mainor, traigo un rencor exacerbado en la columna, una dolencia en la mirada y no sé como desprenderlo de mí, quisiera desasirme de esa tortura, que nada mitigara la paz y sin embargo, la ira se hincha y se revuelca, me consume y no veo el motivo y enceguezco. Ayer mismo, cuando hablaba con Marcia, el viento se cruzó y no pude evitarlo.

Ciudad de México

(Domingo 5 de agosto)

Miré mi soledad. Era un espejo detenido a la sombra del árbol. El silencio taladraba en mi cabeza con su consigna del recuerdo, sólo veía un desierto hecho dunas y el sol se ocultaba lentamente con sus destellos de otoño. Mis pies se hundían y no podía moverme, hacer nada, tampoco había en mi rostro desesperación y sí un largo canto que surgía de mi vientre, un sollozo imperceptible al oído, pero la piel sentía el vacío que se albergaba a cada instante. La arena era un algodón en que desaparecía todo rastro de agua y la sed aumentaba con la tarde y las rodillas se enterraban, el crepúsculo daba paso a Venus y a las estrellas que galopaban deprisa en el azul aún rojizo del horizonte.
Ciudad de México

(Jueves 19 de julio)

Es 19 de julio y no se ha dignado a escribirme. Mañana cumplo 25 y a veces la soledad me embriaga de manera intermitente. No tengo mucho que contarle. Espero en estos días poder organizar mi vida. O al menos poner orden en los libros. No he trabajado mucho porque me embriaga una desidia inacabable. Sin excepción, todos los días acabo molesta conmigo, ya sea por la ropa que ha dejado de quedarme o de gustarme, ya sea por no recibir saludos de usted ni de nadie o simplemente por las horas en que me suspendo en los limbos, perdiendo el tiempo. Y mientras se deslizan los días hay un vacío en el estómago y me da por llorar o por comer. Ojalá fuera cierto lo de llorar, pero a decir verdad hace mucho que no derramo una lágrima y esa contención me trae dando vueltas a las ideas; ya en la cama, cuando por más que intento no consigo dormir y tengo que asirme del silencio, acaricio mi cuerpo en la soledad de un lunes o domingo. No estoy a gusto en ninguna parte. Mañana es mi cumpleaños, Mainor, y aún no tengo planes de nada. Me ha puesto triste la noticia de que alguien ha de buscar pareja e hijo y que no seré yo esa madre. El gran amor se va y no puedo detenerlo. No sería justo detenerlo.

Ciudad de México

(Miércoles 11 de Julio)

Nada calma esta sed que me invade. El invierno se ha hospedado en mi cama. Lo extraño. Quisiera estar a su lado y cantar juntos la voz de Neruda en sus veinte poemas. O ser la musa que le inspire alguna letra, la “a”, por ejemplo que es el inicio de la luz. Tengo sed, Mainor. Una sed que me vuelca a llovizna. Y lo peor, ¿sabe qué es lo peor? No sé que es lo que me tiene tan triste e indecisa.
Ciudad de México

(Martes 4 de Julio)

A veces las tardes se hacen grises y llueve en el corazón de la calle. El tiempo nos ha llevado a la tristeza. Mainor, ayer estuve en Mena, el tren retumbó a las once de la noche y después del trino de los pájaros, el silencio. El viento arreciaba con fuerza en la cabaña. Miguel preparaba café; yo leía sus poemas. Entonces supe de la importancia de esta emoción que nos invadió en San José. Sabe, Mainor, la noche fue más fría que de costumbre. A veces olvido su rostro pero sus besos siguen prendidos de mis labios. Y cuando su poesía tocaba mis labios un vuelco daba mi vientre. Lo escuchaba, Mainor, como si me estuviese leyendo al oído.
Suya siempre
Ciudad de México

(Sábado 23 de junio)

Las voces de la Negra me hicieron saber de la presentación en el Morazán, Mainor, quisiera saber porqué no fui invitada, no piense por mí, Mainor, de haber sabido hubiera tomado el primer avión para escucharlo.
Ciudad de México

(Sábado 16 de junio)

Mainor, recibí noticias de su libro, imagino que las palabras derraman en sí las emociones, mándeme un ejemplar para leerlo, necesito saber de usted y de sus versos. Sé que no lo veré por tiempo indefinido, que el destino ha puesto ríos, árboles y tiempo entre nosotros, pero, por favor, déjeme estar cerca de su alma, mándeme el libro inmediatamente.

Centro Histórico
Ciudad de México