Mainor, hace un mes que no le escribo, recibí su correspondencia sólo para hacer el gran coraje de los últimos tiempos, pero ¿cómo se atrevió usted a dejarme plantada? ¿Cómo es posible que después de los días maravillosos que pasamos juntos no se haya usted dignado venir a verme?. Me tiene indignada su indiferencia ante las emociones que surgen en las calles de San José. ¿Acaso el invierno y la lluvia que recorre las plazas y los cerros han deslavado en usted esos recuerdos de la noche del beso y la cantina? Mainor, me acorralan las dudas. No me deje en esta incertidumbre.
Ciudad de México

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