Es 19 de julio y no se ha dignado a escribirme. Mañana cumplo 25 y a veces la soledad me embriaga de manera intermitente. No tengo mucho que contarle. Espero en estos días poder organizar mi vida. O al menos poner orden en los libros. No he trabajado mucho porque me embriaga una desidia inacabable. Sin excepción, todos los días acabo molesta conmigo, ya sea por la ropa que ha dejado de quedarme o de gustarme, ya sea por no recibir saludos de usted ni de nadie o simplemente por las horas en que me suspendo en los limbos, perdiendo el tiempo. Y mientras se deslizan los días hay un vacío en el estómago y me da por llorar o por comer. Ojalá fuera cierto lo de llorar, pero a decir verdad hace mucho que no derramo una lágrima y esa contención me trae dando vueltas a las ideas; ya en la cama, cuando por más que intento no consigo dormir y tengo que asirme del silencio, acaricio mi cuerpo en la soledad de un lunes o domingo. No estoy a gusto en ninguna parte. Mañana es mi cumpleaños, Mainor, y aún no tengo planes de nada. Me ha puesto triste la noticia de que alguien ha de buscar pareja e hijo y que no seré yo esa madre. El gran amor se va y no puedo detenerlo. No sería justo detenerlo.
Ciudad de México

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