A veces las tardes se hacen grises y llueve en el corazón de la calle. El tiempo nos ha llevado a la tristeza. Mainor, ayer estuve en Mena, el tren retumbó a las once de la noche y después del trino de los pájaros, el silencio. El viento arreciaba con fuerza en la cabaña. Miguel preparaba café; yo leía sus poemas. Entonces supe de la importancia de esta emoción que nos invadió en San José. Sabe, Mainor, la noche fue más fría que de costumbre. A veces olvido su rostro pero sus besos siguen prendidos de mis labios. Y cuando su poesía tocaba mis labios un vuelco daba mi vientre. Lo escuchaba, Mainor, como si me estuviese leyendo al oído.
Suya siempre
Ciudad de México

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