Nada calma esta sed que me invade. El invierno se ha hospedado en mi cama. Lo extraño. Quisiera estar a su lado y cantar juntos la voz de Neruda en sus veinte poemas. O ser la musa que le inspire alguna letra, la “a”, por ejemplo que es el inicio de la luz. Tengo sed, Mainor. Una sed que me vuelca a llovizna. Y lo peor, ¿sabe qué es lo peor? No sé que es lo que me tiene tan triste e indecisa.
Ciudad de México

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