Mi muy querido amigo, cómo puedo llamarle a cuatro años de distancia, cómo podría haberle escrito si esos labios que no fueron promesa sí fueron un lento veneno que me alejó de vos y de mí misma, aún los miedos por las noches me atormentan, he dejado de ver sócubos ¿se escribe así, mi Mainor cuando un hermoso hombre te hace suya en sueños y cambia de ropajes hasta despertarte en el sudor del grito? Haros sueños arañas que tejen y destejen su tela sobre mi rostro, en mis manos, en el íntimo espacio de mis sueños hay también hormigas que recorren mi piel en el deseo. No se asuste Mainor, no lo llamaré como hace tiempo de madrugada para que escuche mi llanto en una borrachera desolada en que habalaba con retratos, no, simplemente regresaran mis cartas a sus manos y con ellas mi voz en sus oidos.
Me despido en espera de su pronta respuesta.
Su muy querida amiga
Isolda de las nubes

4 comentarios:
Una serie de cartas a un amante lejano... ¡cuántas cosas se dicen y cuántas se callan!. Saludos cordiales.
Cierto, el silencio habla.
La luna roja
de la noche temprana
besa los recuerdos
adormecidos en el lago
de mis sueños.
La distancia
es la vara
con la que mido
mi soledad.
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